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Revolução democrática na Tunísia

14/01/2011

O 2011 começa com uma revolução democrática no norte da África.

  
A Tunísia é um dos menores países do norte da África, mas não por isso menos importante. Historicamente jogou um papel chave nos processos do pan-nacionalismo árabe, que sacudiu os anos 60 nessa região do continente. Hoje, nos começos do 2011 volta a ser protagonista de uma grande mobilização democrática que pode estender-se ao Egito, governado também ditatorialmente pelo Muharab. Mais de um mês de grandes manifestações acabaram por tirar o ditador Ben Alí do poder, abrindo uma nova situação no país.

Revolta popular na Tunísia força a queda de Ben Ali

(Del diario El PAIS de España)

 Miles de tunecinos tomaron las calles de Tunez al grito de “¡Fuera Ben Ali!”
El presidente de Túnez, Zine el Abidine Ben Ali, ha abandonado el país ante la imposibilidad de frenar las protestas. Un avión con el presidente a bordo ha despegado a las 18.15 del aeropuerto internacional de Túnez-Cartago escoltado por la Fuerza Aérea tunecina, según fuentes locales, informa Ignacio Cembrero. De momento se especula con el destino en el que aterrizará Ben Ali. La cadena Al Jazeera ha señalado que será París, mientras que otras fuentes han señalado que el avión podría dirigirse a Libia o Malta. (..) El cargo ha sido asumido de manera interina por el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, según ha anunciado este mismo en la televisión estatal. En un breve mensaje, Ghanuchi se ha comprometido a respetar la Constitución y ha pedido a los tunecinos “de todas las sensibilidades políticas” que muestren sentido patriótico y de unidad”.
(…)
Horas antes, la agencia oficial TAP había anunciado la destitución del Gobierno en pleno y la celebración de elecciones legislativas para dentro de unos seis meses. Era el último intento de Ben Ali, en vano, de aplacar las protestas en su contra. Ni este anuncio, ni la promesa de ayer de otorgar mayores libertades han conseguido calmar a los manifestantes. Miles de personas habían tomado desde esta mañana las calles del centro de Túnez, la capital tunecina, clamando por la salida del que es presidente del país desde hace 23 años. Tras varias horas de concentración, la policía ha comenzado a usar gases lacrimógenos y ha cargado contra los manifestantes, que han disuelto la concentración, aunque los enfrentamientos entre grupos de jóvenes y agentes han continuado horas después en el centro de la ciudad. En respuesta, se ha convocado el estado de emergencia en todo el país. Esto implica que el toque de queda impuesto días atrás se amplía y estará vigente de cinco de la tarde a siete de la mañana. Tampoco podrá haber reuniones de más de tres personas y las Fuerzas del Orden podrán disparar contra cualquier sospechoso que no obedezca a una orden. Además, el Ejército ha tomado el control del aeropuerto internacional de la capital y se ha cerrado todo el espacio aéreo.

 
Los manifestantes exigen el fin del régimen de Ali, quien ayer hizo un nuevo intento, infructuoso, a lo que se ve, por contener un mes de protestas contra la corrupción y el desempleo que se ha cobrado decenas de vidas. Ben Ali prometió mayor libertad, rebajas en el precio de alimentos y productos básicos y, sobre todo, anunció que no optaría a un sexto mandato en 2014. Pero sus anuncios, de nuevo, no han tenido efecto.
La retirada del presidente, que fue seguida de una noche de celebraciones populares pese al toque de queda impuesto el miércoles, no ha servido para evitar que miles de personas hayan vuelto esta mañana de nuevo a la calle, tras casi un mes de protestas que han costado la vida a entre 23 -cifra oficial- y 66 -cifra de la oposición- personas. Tampoco sirvió para detener la violencia, ya que, según fuentes médicas citadas por France Presse, 13 personas murieron ayer en la capital tunecina y sus alrededores durante enfrentamientos con las Fuerzas del Orden tras el discurso presidencial. La agencia Reuters rebaja el recuento de víctimas mortales por disparos policiales a 12, de las cuales una decena han sido confirmadas por dos fuentes de un hospital de la capital y las otras dos pertenecen al relato de un testigo visual de choques con la policía. No está claro, según esta última agencia, si el uso de las armas se produjo antes o después del mensaje en el que Ben Ali aseguró que había dado la orden de no abrir fuego.
Multitudinaria manifestación.

Eran las nueve de esta mañana cuando ha comenzado una nueva marcha en el centro de Túnez. Primero se han reunido unos miles de personas frente a la sede del prestigioso sindicato UGTT y luego ha ido creciendo con incorporación de más manifestantes, hasta reunirse decenas de miles de personas. Después de tres cuartos de hora, han llegado a la avenida principal de la ciudad, la Habib Burguiba, donde está la sede del Ministerio del Interior, con gritos de “Fuera Ben Ali”, “Gracias, pero ya es suficiente”, “O nos matan o se van, pero aquí no se negocia”. Allí se han enfrentado a un cordón policial y lo han sobrepasado. Los manifestantes no se fían del presidente y de lo que dijo ayer, lo llaman “asesino” -en francés para que todo el mundo lo entienda- y piden libertad y que los Trabelsi, la familia de la primera dama, sean juzgados. “No a Ben Ali”, corean los manifestantes, añadiendo que “la revuelta continúa”. Dicen, sin parar de cantar el himno nacional, que “o nos matan o se van, pero aquí no se negocia”.
Durante varias horas, los manifestantes se han concentrado pacíficamente, incluso junto a los policías. No obstante, pasadas las dos de la tarde (hora local) la policía ha comenzado a dispersar a los manifestantes con cargas y lanzamiento de gases lacrimógenos. En pocos minutos la avenida principal de la ciudad se ha vaciado, aunque una hora después aún podía verse a agentes golpeando a jóvenes que transitaban por las calles céntricas y que fueran sospechosos de participar en las marchas contra el presidente.
Un mes de protestas

 
Durante el mes de protestas, sin precedentes, decenas de personas han muerto por la represión oficial, lo que no ha hecho sino soliviantar aún más los ánimos de un país cansado de la corrupción, el nepotismo y la alta tasa de desempleo. De hecho, los incidentes comenzaron cuando, el pasado 17 de diciembre, un joven licenciado que vendía verdura se prendió fuego frente a un edificio oficial en Sidi Bouziz después de que un policía le abofetease y se le retirase el permiso para vender. Murió el 6 de enero.
Ya en otras ocasiones durante esta crisis, los opositores al presidente han ignorado sus promesas. El pasado lunes, Ben Ali prometió ante las cámaras la creación de 300.000 empleos para los jóvenes de aquí a 2012. El miércoles, destituyó al ministro del Interior, responsable de la brutal represión de la revuelta, anunció una comisión de investigación sobre la corrupción y ordenó la liberación de todos los detenidos en las protestas. De nada sirivió: tras su alocución de ayer, miles de personas desafiaron el toque de queda y, durante la noche, celebraron que Ben Ali tiene fecha de caducidad.
Hoy también se han producido manifestaciones en otras regiones del país, como la de Kairouan, en el centro del país, o en la capital de la cuenca minera de Gafsa, en el suroeste. También en las regiones del centro oeste como Kaserín, Tela y Sidi Bousaid, miles de personas han salido a las calles para demandar la salida del presidente sin que hasta el momento haya constancia de cargas policiales, informa EFE.

La corrupción del régimen y el paro, motores de la protesta social

La familia de la primera dama controla buena parte de la economía del país 

Ex primeira dama

El País J. M. MUÑOZ – Túnez – 14/01/2011

“Cuando compras un ordenador, un teléfono móvil, un coche o la pasta de dientes, se lo estás comprando a la familia”, asegura Rim Ben Smail, catedrática de Empresariales de la Universidad de Túnez. Trabelsi. Es un apellido que conviene pronunciar en voz baja en las vigiladísimas calles de Túnez. Es el apellido de la esposa del presidente Zine el Abidine Ben Ali, asociado a la cleptocracia en que -según denuncia todo ciudadano sin vínculos con el partido en el poder- se ha convertido el régimen. Túnez es un país próspero respecto a lo que se estila en el norte de África. El turismo, el sector textil, la industria manufacturera, los fosfatos prometían un futuro alentador. Hasta que explotó la crisis mundial de 2008. A partir de entonces, se esfumó el próspero porvenir. Porque a la catástrofe financiera global se ha sumado un proceso de privatizaciones que, iniciado pausadamente a mediados de la década de los ochenta, ha degenerado en una concentración descomunal de poder económico en poquísimos bolsillos: los de los Trabelsi, y especialmente en el de Sajer el Materi, el yerno todavía no treintañero de Ben Ali.
El desempleo entre los jóvenes llega al 30% y entre los licenciados al 60%
 La inversión extranjera marchaba viento en popa hasta 2009. Francia -1.250 empresas presentes en Túnez- es el principal socio económico, pero Italia, Alemania, Bélgica, Reino Unido, Países Bajos y España también han destinado cuantiosos fondos a proyectos en el país árabe. En 2009, la inversión foránea en los sectores turístico, inmobiliario, energético, agrícola y en servicios se desplomó un 33%. Pero, varapalo incluido, el producto interior bruto creció un 3,7% en 2010. No es un mal registro. Pero los datos macroeconómicos -la inflación alcanzó el año pasado un aceptable 3,7%- no son el problema.
La corrupción desbocada y el desempleo son la madre del cordero. “Las grandes empresas han pasado a muy pocas manos, las de los Trabelsi y otros grupos cercanos a la familia del presidente y a la Asamblea Constitucional Democrática, el partido de Ben Ali. Se han expropiado empresas alegando el interés nacional para dárselas a la familia. Ahora están especulando. Compran empresas a bajos precios y las revenden con enormes ganancias después de despedir a empleados. Hay una enorme concentración de la riqueza, pero sin redistribución, como sucedía antes. Lo único que hay son asociaciones de solidaridad. ¿Y quién las controla? La familia del presidente y el partido oficial”, explica Buzaina Fersiu, profesora de Ciencias Empresariales de la Universidad de Túnez. O se es obediente o uno queda al margen de cualquier respaldo institucional.
Bancos, cadenas de radio, grandes centros comerciales protegidos ahora por el Ejército -ayer fue incendiado un supermercado Monoprix, propiedad de los Trabelsi, en Elauina, un suburbio de la capital-, concesionarios de automóviles, intereses inmobiliarios. Los Trabelsi participan en todo. Cuentan muchos profesores que, a menudo, con malas artes. “Cuando saben de una empresa próspera, exigen ser socios”, dice Ben Smail. Mejor aceptar.
Pero existen escollos añadidos. “La crisis mundial de 2008 ha impactado en el turismo y en el sector textil, y los demás sectores tienen poco valor añadido. Además, teníamos muchas industrias, pero el aumento de los precios de las materias primas y la competencia de productos más baratos de otros países han afectado a muchas industrias”, precisa Fersiu. Y, cómo no, el desempleo. El paro se sitúa en el 13%, pero el dato que ofrece la profesora resulta estremecedor: “alrededor del 30% de los jóvenes no encuentran trabajo, y ese porcentaje se eleva al 60% entre los titulados universitarios”. Y cuando dan con un empleo, es difícil aceptar que merezca la pena. El salario de un catedrático de universidad ronda los 700 euros, pero hay titulados que acuden al trabajo por 150 euros al mes.
“Tenemos que confiar en nuestras fuerzas para acabar con la Cosa Nostra, la mafia que nos gobierna, porque al final abandonarán el país”, sentencia, enfurecido, el profesor de inglés, Ahmed Maarufi.

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