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A revolução na Tunísia enfrenta as manobras continuistas do velho regime

20/01/2011

Tunísia: Continua a revolução democrática.

 
A seguir as últimas informações sobre a revolução na Tunísia, em espanhol. Os fatos acontecidos depois do informe passado indicam que o governo formado depois da saída de Bem Alí não soube dar fim à crise. Quatro ministros membros da UGTT (União Geral dos Trabalhadores Tunisianos), a maior organização sindical que tem fortes laços com o antigo regime, saíram do governo. De igual maneira, os ministros vinculados ao Partido Socialista tem relações com a social-democracia européia.

De outro lado o Partido Comunista Operário de Tunísia, (PCOT) que tem formação maoísta e um peso importante nos trabalhadores e setores populares tem se manifestado contra entrar no governo e pela Assembléia Constituinte, diferentemente do velho Partido Comunista da Tunísia que está dentro do governo provisório. A seguir toda a informação coletada em espanhol.

PCOT DENUNCIA AL GOBIERNO DICTATORIAL DE TÚNEZ Y LLAMA A SEGUIR LA LUCHA POR EL TRIUNFO POPULAR

Escrito por Tribuna Popular
Martes, 18 de Enero de 2011 17:27

Protestas Populares rechazan gobierno de continuidad de la dictadura

TÚNEZ, 18 ENE. 2011, TRIBUNA POPULAR TP/Traducción: Juan Molina/Ferrebé.

Hamma Hammami, Secretario General del Partido Comunista de los Obreros de Túnez (PCOT), quien había sido hecho preso bajo el régimen dictatorial de Ben Alí, llamó al pueblo tunecino a seguir la lucha popular para derrotar la dictadura.
Hammami ha declarado que: “el PCOT está firmemente aferrado a las luchas por acabar con la dictadura que ya dura más de veinte años, y que el PCOT no tomará ninguna medida que pueda favorecer las maniobras del gobierno para mantenerse en el poder con ofertas engañosas, y fórmulas de gobierno con los mismos personeros adherentes de Ben Alí”.
El PCOT, enfatizó Hammami: “ha considerado como un engaño al gobierno parapeto que montó Ghanuchi, que seguirá siendo el mismo dictatorial disfrazado. Los llamados a elecciones son un engaño–recalcó Hammami- e informó que el PCOT no presentará candidatos a esa farsa, y que el PCOT no presentará candidato presidencial en estas condiciones actuales, ya que una tal elección no daría sino un “triunfo” al candidato del Partido del Oficialismo de Ben Alí, montado en fraudes, en su dominio del poder, y en la imposibilidad de otras fuerzas de organizarse y de hacer Campaña Electoral”.
En sus declaraciones en París Hammami también dijo que”” el PCOT defiende un régimen parlamentario y no como el actual regido por la Constitución vigente, de carácter presidencialista”.

Hamma Hammami, Secretario General del Partido Comunista Obrero de Túnez

Hamma Hammami, PCOT

El Partido Comunista de los Obreros de Túnez, asimismo, declaró Hammami, “está es por el llamamiento a un Asamblea Constituyente, a fin de definir una nueva Constitución. Nosotros estamos al lado del pueblo de Túnez, y mantenemos que debemos seguir en la lucha. Este gobierno, y las otras combinaciones que están preparando no ofrecen ninguna oportunidad al pueblo”.
Agregó que: “Con más de cien muertos, numerosísimos heridos, gran cantidad de presos, exiliados, perseguidos, las protestas no amainan sino que se fortalecen, ahora no contra la dictadura directa de Ben Alí, sino contra las maniobras para imponer un gobierno que siga las mismas políticas de Ben Alí, y con el mismo contenido de clase del anterior”.
Al fijar la política del PCOT (Comunistas de Túnez), Hammami, en declaraciones recogidas por Agencias y distintos medios alternativos, principalmente en Internet, ha recalcado “que el pueblo no está dispuesto a dejarse arrebatar el triunfo, y que se luchará hasta imponer las condiciones que permitan el avance político, social y económico por el cual se está luchando con tanta fuerza”.

CAE NUEVO GOBIERNO TUNECINO PRO IMPERIALISTA Y MÁSCARA DE BEN ALÍ

  No duró mucho el gobierno de recambio que pretendió perennizar a Ben Alí, con un gobierno del ben alicismo..sin Ben Alí. La presión popular ha sido demasiado fuerte, y los representantes de la “izquierda” no comunista que se integraron al Gabinete renunciaron. Allí murió el “nuevo gobierno”, que no fué más que una máscara transitoria.
En todo el país se prepararon y salieron a las calles nuevas manifestaciones, a pesar de los francotiradores del benalicismo y la represión policial–ahora de Ghanouchi y sus compinches del Gabinete–con la que trataron de evitar que las manifestaciones se cumplieran en todo Túnez.
Desde Francia, país al cual fue enviado después que la presión popular lo rescatara de la prisión a que lo sometió el gobierno Ben Alí, el camarada Hamma Hammani, líder del Partido Comunista de los Obreros de Túnez (PCOT), había denunciado que el nuevo gobierno era una secuencia del de Ben Alí, y que representaba los mismos intereses de clase y políticos, pero maquillados.
Sectores políticos franceses ligados a posiciones democráticas y antidictatorialistas también se habían manifestado en el sentido de que se trataba de una mascarada.
La UGTT, Central de los Trabajadores Tunecinos también rechazó al gobierno que sucedió a Ben Alí.
En América Latina, desde nuestro periódico de solidaridad internacional “PrensaPopularSolidaria”, habíamos señalado la solidaridad con el pueblo tunecino de la Organización Intermunicipal Miranda Centro del Partido Comunista de Venezuela en el Estado Miranda y de los comunistas venezolanos, recogida también por el Diario Digital del PCV Tribuna Popular, y por otras Páginas de Partidos Comunistas hermanos.
Túnez] Dimiten cuatro ministros del nuevo gobierno: “Mientras haya ministros de Ben Ali, no habrá acuerdo”

Dimiten cuatro ministros del nuevo gobierno, tres de ellos vinculados al sindicato UGTT. El Presidente reconoce 78 muertos por la represión, pero exime a Ben Alí de responsabilidades sobre la misma…
 

Kaos.  Como ya se ha dicho por activa y por pasiva, al pueblo tunecino no le vale otra salida que no sea el derrocamiento total y absoluto de la dictadura, y todos y cada uno de sus representantes políticos. La lucha sigue. Se exige la salidad del gobierno de todo ministro relacionado con el partido del dictador Ben Ali. “Mientras haya ministros de Ben Ali, no habrá acuerdo”, han declarado a la prensa tunecina e internacional los cuatros ministros que acaban de anunciar su dimisión.
Así, el Gobierno provisional tunecino, en formación tras la marcha del ex presidente Ben Alí, se desmorona después de que tres de sus ministros, procedentes de la Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT) hayan dimitido, según ha confirmado a Público Abdelyelid Budui, nombrado ministro delegado ante el primer Ministro y uno de los que ha presentado su renuncia.
Además de Budui, han presentado su renuncia el ministro de Empleo, Husin Dimasi; el ministro de Sanidad, Mustafá Ben Yafaar; y Mufida Tletti, ministra de Cultura, de origen independiente.
Budui ha pedido la disolución del actual Gobierno y la formación de otro gabinete, además de pedir la salida de los ministros procedentes del RCD, partido del ex presidente Ben Alí, salpicados por casos de corrupción y represión.
Existe la posibilidad no confirmada de que los líderes de los otros partidos de la oposición presentes en el Gobierno presenten también su renuncia tras el movimiento de la UGTT. Ya ha salido el partido Socialista ligado a la socialdemocracia Europea, no así el PC estalinista que continúa. Por su parte el PCOT que es un partido fuerte y combativo de formación maoísta no ha entrado al gobierno y llama a que se haga una Asamblea Constituyente.
Dudas sobre el Ejecutivo.
Estas dimisiones se producen después de que la UGTT, principal sindicato de Túnez, expresara sus serias dudas sobre la formación del Ejecutivo provisional. Así lo ha reconocido Budui, nombrado ministro delegado ante el primer Ministro, aunque el propio Budui no se reconoce como tal. “Lo anunciado ayer (lunes) no se corresponde con nuestras peticiones”, asegura el sindicalista. “El RCD (partido de Ben Alí) se ha quedado con la parte fundamental del poder. En el Gobierno hay figuras manchadas por la corrupción y la represión del antiguo régimen”, denuncia.
Budui denuncia además que al sindicato UGTT, que propuso a tres ministros y un secretario de Estado, les han dado “ministerios que necesitan reformas estructurales a medio y largo plazo, cuando este es un Gobierno transitorio que durará seis meses”. Por esa razón, aseguran que su gestión va a estar discapacitada.
La UGTT dice que hará “una lectura del nuevo Gobierno” para estudiar si lo apoyan o no. “La situación es provisional. Necesitamos garantías de que se va a abrir un verdadero proceso democrático”, afirma Budui.
Las dudas del sindicato principal del país giran en torno a ciertos ministros. Kamel Moryani, nombrado ministro de Asuntos Exteriores y casado con la prima del ex presidente Ben Alí; Moncef Ruissi, nombrado ministro de Asuntos Sociales y, según la UGTT, mezclado con asuntos de corrupción; Rida Grira, nombrado titular de Defensa; y Ahmed Friaa, ministro del Interior.
Este último era un ministro con el que el sindicato estaba de acuerdo, pero la declaración pública que hizo este lunes ha provocado un giro de 180 grados en la opinión de la UGTT, que lo califica de “mentiroso” por asegurar que en las protestas se pretendió arrancar banderas tunecinas de los edificios. “No se ha roto ni un cristal”, aseguran desde el sindicato, que también reprocha a Friaa que hablase de “cadáveres” para referirse a las víctimas de las protestas, que para la UGTT son “mártires”.
Este martes está previsto que Moncef Marzuki, líder del partido opositor ileagal Congreso por la República, llegue de su exilio en París tras anunciar que se presentará como candidato a presidir el país.
Reconocen oficialmente 78 muertos por la represión…
 La represión de las protestas populares durante la revuelta social en Túnez que forzó la huida del país del presidente, Zine el Abidine Ben Alí, y los incidentes violentos posteriores han causado 78 muertos en todo el país, según ha reconocido el ministro de Interior, Ahmed Fría.
Las cifras se han hecho públicas el mismo día en el que el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, ha anunciado un Gobierno de “unidad nacional”, que incluye a los tres líderes de los partidos de oposición legales, pero también a varios ministros del anterior régimen que garantizan el mantenimiento del aparato de Ben Alí, entre ellos Fría.
En una intervención en la televisión estatal, el renombrado ministro dijo que el número de heridos desde que comenzaron las protestas el 17 de diciembre hasta el momento asciende a 94. Además, Friaa explicó que la oleada de protestas antigubernamentales ha costado al país africano 3.000 millones de dinares (unos 2.300 millones de euros).
… Y exclupan a Ben Alí de responsabilidades
El primer ministro de Túnez, Mohamed Ghanuchi, afirmó este martes que su Gobierno llevará ante los tribunales a los responsables de la represión de los últimos días, al tiempo que defendió la composición de su Ejecutivo de unidad nacional por el “interés del país”.
El jefe del Gobierno señaló en declaraciones a la radio francesa Europe 1 que serán llevados ante los jueces “todos los que han estado en el origen de esa masacre, de esa carnicería”, en referencia a la represión de las manifestaciones que tuvieron lugar en los últimos días en Túnez y que provocaron al menos 78 muertes.
Ghanuchi exculpó al Ejército, que dijo que no disparó contra los manifestantes, y señaló que desde que asumió el mando del país también ordenó a las fuerzas del orden que no abrieran fuego contra la población. “Podemos utilizar bombas lacrimógenas o pelotas de goma, pero es mejor dejarse la piel que provocar una carnicería”, afirmó.
El primer ministro también prometió llevar ante la justicia al clan Trabelsi, de la segunda mujer del anterior presidente, Zine el Abidine Ben Alí, que daba la impresión de dirigir el país, al tiempo que les prometió “un proceso equitativo”.
Sin embargo, el jefe del Gobierno defendió a Ben Alí y culpó a sus allegados del deterioro de la situación. “En los primeros años, Ben Alí hizo mucho bien a Túnez. Pero hubo un cambio importante en los últimos años a causa del enriquecimiento ilícito de parte de su entorno”, afirmó Ghanuchi.
Gases contra manifestantes

Mientras tanto, la Policía tunecina ha impedido una manifestación prevista para este martes a las 11 de la mañana.
Las autoridades han lanzado gases lacrimógenos en la céntrica avenida Habib Burguiba para reprimir a los manifestantes. También se han producido cargas en la calle Habib Thameur, donde los antidisturbios han tratado de disolver una protesta contra el Gobierno provisional. “¡RCD, vete al infierno!” y “¡RCD, fuera!”, son algunos de los gritos contra el partido del ex presidente que se han podido escuchar.
Frente a la sede del movimiento Etajdid, una de las tres formaciones de la oposición que ha aceptado formar parte del Gobierno, se ha generado una marcha espontánea. “Han traicionado al pueblo”, protestaba uno de los manifestantes. “El RCD es un partido de asesinos, ¿cómo va a estar en el Gobierno?”, se preguntaba.
Fuentes del movimiento aseguran que su entrada en el Ejecutivo obedece a una postura pragmática y que su líder, así como los otros dos líderes de la oposición, serán garantes de la transición democrática. Ya asoman las cabeza los traidores del pueblo.

Revolución democrática en el Magreb

Dimiten cuatro ministros del nuevo Gobierno de unidad de Túnez entre nuevas protestas
Ghanuchi asegura que todos los ministros del antiguo régimen que siguen en el Gobierno “tienen las manos limpias” y promete arrestar a quienes protagonizaron la represión.- La Policía dispersa decenas de protestas contra el reparto de carteras
EL PAÍS / AGENCIAS – Madrid / Túnez – 18/01/2011
El nuevo Gobierno de unidad nacional en Túnez se desmorona unas horas después de haber asumido sus funciones en medio de nuevas protestas contra su composición. Los tunecinos cuyas protestas acabaron con la huida el pasado viernes del dictador Zine el Abidinde Ben Ali no están dispuestos a que 12 de los 20 ministros del Ejecutivo sean miembros de la Asamblea Constitucional Democrática (ACD), el partido del depuesto presidente. Opinan que para esto no hicieron la revolución y piden no ya una mayor presencia de opositores sino la disolución de la ACD al grito de “fuera el partido de la dictadura”. Los miembros del antiguo régimen ocupan además los puestos clave -Interior, Defensa, Hacienda y Exteriores-, acompañados de los representantes de los tres únicos partidos legales de la oposición, sindicalistas y líderes de movimientos sociales como un bloguero y una cineasta. En las calles, los tunecinos demostraron ayer y siguen demostrando hoy su descontento.

Han dimitido tres ministros de la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT) -principal formación sindical del país-, y el líder del Foro Democráticos por el Trabajo y las Libertades, que han tenido un importante papel en la revuelta y que dicen ahora que no reconocen al nuevo Ejecutivo después de haber aceptado ayer formar parte de él.
La decisión la ha tomado la cúpula del sindicato, reunida esta mañana en sesión de urgencia cerca de la capital. Su líder, Abid al Briki, ha justificado la renuncia de los ministros de Estado Anouar Ben Gueddour y Abdeljelil Bedoui, y de Houssine Dimassi – nominado para la cartera de Trabajo- por la alta presencia de miembros del partido de Ben Ali, al tiempo que ha afirmado que el sindicato “no reconoce” al Ejecutivo. El secretario general del sindicato ha dicho que toman esta medida en “respuesta a las demandas del pueblo en las calles” y ha informado de que ha retirado igualmente a sus representantes en instituciones como el Parlamento y el Consejo Económico y Social. Además, el partido opositor Ettajdid ha amanenazado hoy con salir de la coalición de Gobierno si los ministros del partido de Ben Alí no abandonan su militancia de dicha formación.

Ghanuchi defiende la unidad

En un intento de calmar las quejas, el primer ministro del país, Mohamed Ghanuchi, que también ocupaba ese cargo con Ben Ali, ha defendido su Ejecutivo de unidad nacional a primera hora de la mañana en la radio francesa Europe

1. Ghanuchi ha asegurado que se han elegido a sus miembros por el “interés del país” y que los seis ministros que siguen en el Gobierno “tienen las manos limpias”. Los tres ministros ajenos al aparato son los líderes de los tres únicos partidos de oposición legales. Se trata de Ahmed Brahim, líder Ettajdid, que asumió la de Desarrollo Regional; y Najib Chebbi, fundador del Partido Democrático Progresista, que es es ministro de Educación Superior. Aunque su escaso número ha defraudado las expectativas de gran parte de la población, es la primera vez en la historia de Túnez que históricos dirigentes de las fuerzas de oposición toleradas por el régimen de Ben Ali entran en el Gobierno. Dos de estos partidos ni siquiera tienen representación parlamentaria y el tercero tiene apenas dos diputados.
 

Ghanuchi ha prometido que “todos los partidos serán autorizados a participar “en las elecciones que se celebrarán en un plazo de dos meses “en igualdad de condiciones”, eso sí, siempre que “respondan a las reglas requeridas por la ley electoral”. “A partir de hoy, hay una separación estricta entre el Estado y los partidos”, ha prometido el primer ministro, que continúa en el puesto que ocupaba con el dictador. Sin embargo, esta apertura no se aplicará, de momento, a los islamistas. El líder integrista Rachid Ghanuchi, en el exilio en Londres, no podrá volver que “si no hay una ley de amnistía” que borre su condena a cadena perpetua impuesta en 1992 y que ya prepara el Ejecutivo de unidad nacional.
Nuevas medidas

Governo de Transição

 Entre las primeras medidas anunciadas ayer por el nuevo Gobierno de transición, Ghanuchi prometió que pondrá en libertad a todos los presos políticos mediante una ley de amnistía, legalizará a todos los partidos que lo soliciten e investigará a cualquier sospechoso de corrupción o de haber amasado una fortuna bajo el antiguo régimen.
Con o sin la presencia de los islamistas -Rachid Ghanuchi expresó su deseo de regresar a Túnez nada más conocerse la huida de Ben Ali-, Ganuchi se ha mostrado confiado en poder celebrar unos comicios “libres, transparentes, controlados por una comisión independiente y con observadores internacionales”. Se desconoce el peso del islamismo en Túnez, ya que los movimientos como el encabezado por Ghanuchi, el Partido del Renacimiento, fue ilegalizado hace 20 años.
En las cárceles tunecinas, según denunció Human Rights Watch hace un año, hay 800 jóvenes condenados por ideas compartidas con los grupos radicales islámicos pero, que se sepa, no forman parte de grupos terroristas. En respuesta, Rachid Ghanuchi ha denunciado hoy que el Gobierno de Túnez es “de exclusión nacional”.

78 muertos en los disturbios

En la entrevista con Europe 1, Ghanuchi también ha asegurado que serán juzgados los responsables de la represión de los últimos días, que han costado la vida a menos 78 personas según la cifra oficial y 120 según otras fuentes. “Serán llevados ante los jueces todos los que han estado en el origen de esa masacre, de esa carnicería”, ha dicho. En este sentido, Amnistía Internacional ha exigido que los derechos humanos sean la “máxima prioridad” en el nuevo proceso político que vive Túnez “después de 23 años de atentados a las libertades”, y ha reclamado que las fuerzas de seguridad dejen de ser un “instrumento de la represión”. Las promesas y explicaciones de Ghanuchi no parecen convencer a los protagonistas de la revuelta, que siguen protestando en las calles. La Policía ha reprimido esta mañana decenas de protestas en diferentes puntos de la capital tunecina contra la composición del nuevo Gobierno. En la popular avenida Habib Burguiba, en el centro, cerca de un centenar de personas han intentado formar una manifestación que ha sido disuelta a los pocos minutos por las fuerzas policiales con el lanzamiento de gases lacrimógenos.
Los manifestantes se dispersaron por las calles adyacentes perseguidos por decenas de agentes policiales, que han cargado también con porras, aunque no se han escuchado disparos. Al mismo tiempo, en otros puntos de la capital, una veintena de protestas y concentraciones espontáneas contra el nuevo Gobierno han sido disueltas igualmente por las fuerzas antidisturbios. Un grupo de cientos de manifestantes se ha concentrado ante las puertas de la catedral de Túnez, al final de la avenida Burguiba y la Policía ha cargado igualmente sobre ellos. En estos momentos, el caos vuelve a reinar en el centro de la ciudad, donde nubes de gases lacrimógenos se observan en varias zonas, sobrevoladas por helicópteros policiales. Los cientos de personas que intentan manifestarse por la capital gritan consignas contra el nuevo Gobierno y demandan la disolución del RCD. Los partidos de oposición ilegal, principalmente islamistas y comunistas, critican también hoy duramente la composición del Ejecutivo de transición y convocan igualmente a manifestarse a los tunecinos. Algunos dirigentes en el exilio e intelectuales en Túnez hablaban de “farsa” y del “riesgo de que el antiguo régimen secuestre la revolución civil”.

Revolución democrática en el Magreb

Tres razones para recelar

IGNACIO CEMBRERO El Pais 18/01/2011
Antes incluso de que se hubiese formado el Ejecutivo, los manifestantes en la calle lo rechazaron pidiendo a gritos la disolución del Asamblea Constitucional Democrática (ACD), el partido hegemónico del derrocado presidente Ben Ali.
Minutos después de que se anunciase la composición del nuevo Gobierno de coalición de Túnez, Moncef Marzuki, uno de los opositores más prestigiosos a la dictadura denunciaba la “mascarada”. Los blogueros disidentes tunecinos expresaban su temor a que les “roben su revolución”.
Para emprender una transición democrática, el recién formado Ejecutivo adolece de falta de credibilidad por tres razones. La primera es que, de sus 20 miembros, seis formaban parte del último Gobierno del dictador. Además del primer ministro, Mohamed Ghanuchi, los titulares de Interior, Ahmed Kriaa; de Exteriores, Kamel Morjane, y el de Defensa, Ridha Grira, trabajaron a las ordenes de Ben Ali.
La oposición tolerada al régimen de Ben Ali entra en el Gabinete de Ghanuchi, pero -y ese es el segundo motivo de desconfianza- con solo tres carteras menores: Desarrollo Regional, Sanidad y Enseñanza Superior.
A esos nombramientos hay que añadir el de algunos independientes, como el cineasta Mufida Tletil, ministro de Cultura, y el del bloguero Slim Emamou, que ha pasado prácticamente de la celda en la que estuvo encarcelado a su despacho de secretario de Estado de Juventud y Deportes.
La oposición ilegal, pero representativa, no fue invitada a participar en las conversaciones previas ni tampoco se la asoció al Gobierno. Este es el tercer motivo para recelar. Entre los excluidos están En Nahda (Renacimiento), el antiguo gran partido islamista, y el Partido Comunista de los Obreros Tunecinos, de extrema izquierda. Deben de sospechar que son radicales. Pero Ghanuchi tampoco ha querido contar con el Congreso para la República, una formación moderada dirigida por Marzuki desde París.
A la hora de formar Gobierno, se ha respetado la legalidad heredada del dictador. Mal comienzo. Ghanuchi no ha acatado, en cambio, la Constitución, que prevé la celebración de elecciones en el plazo de 60 días. Se desarrollarán dentro de seis meses. La oposición legal o en vías de ser legalizada dispondrá así de algo más de tiempo para salir de la total o semi clandestinidad en que estuvo sumida durante los 23 años de dictadura.

El tercer día del pueblo tunecino

Alma Allende – Rebelión

 En el tercer día del pueblo tunecino me despierta muy pronto el silencio tremendo del mismo helicóptero cuyo traqueteo me ha impedido dormir toda la noche. De la calle, de hecho, no llega ningún sonido: ni coches ni voces ni pájaros. Es el domingo de la otra dimensión y, tras las incertidumbres de la madrugada, una casi teme que haya desaparecido el mundo. ¿Se ha acabado todo? ¿Para bien? ¿Para mal? ¿Para igual? De pronto, el silencio es roto por el inconfundible, cotidiano, reconfortante estrépito de lata de la épicerie de abajo. ¡Han abierto la tienda! Las primeras noticias, en la prensa y a través de los amigos -que se acaban de despertar- confirman la tregua: los asaltos han cesado y los barrios se desperezan en medio de los pecios de la tormenta, en este enero cálido de cielos muy azules y ruidos insospechados.
Cuando salimos a hacer la compra, la épicerie ha cerrado de nuevo, sin nada que vender. El dueño confía en que el lunes se reanude el abastecimiento, pues de otro modo -dice- la situación se puede volver insostenible. También nuestro barrio burgués está regado de restos de barricadas. El impasse de la Aurore ha sido literalmente cerrado por una plancha de hierro; en las calles adyacentes a Premier Juin, ramas de árbol, piedras, placas de uralita marcan la voluntad de los vecinos de defender el barrio de los asaltantes. Todos los accesos a la plaza de Mendes France, donde se encuentra la sede local del RCD, han sido cortados, o al menos dificultados, con pivotes de cemento y bidones de plástico llenos quizás de arena. Ahora en todo caso ya sabemos de dónde viene el peligro. Los medios de comunicación lo reconocen abiertamente y, lo más importante, los tunecinos lo saben: son milicias de sicaros armadas, fieles al ex dictador, con instrucciones de imponer el caos y aterrorizar a la población.
Hay quizás más gente en la calle en este primer domingo de la nueva dimensión; algunos, armados todavía con palos, bostezan después de la juerga negra del sábado noche. Pero es un domingo de otra dimensión, en efecto, pues las tiendas siguen cerradas. Entre los restos de barricadas vamos a todas en las que hemos comprado alguna vez. Sin suerte. O con poca. La única que ha abierto sólo contiene ya algunas bolsas de pan de molde integral y galletas italianas. Nos inclinamos por el pan.
A la 1.30 cogemos el coche para llevar a Amin a su casa, en el Mourouj, el barrio victorioso de la noche precedente. Y empieza entonces un largo, tortuoso, revelador recorrido por la ciudad. Para evitar el centro, cuyos accesos han sido bloqueados por la policía, decidimos dar un rodeo por Bab Saadun, donde un poderoso tanque del ejército domina la plaza, enmarcado bajo el arco de la enorme puerta medieval. Es una imagen que todos hemos visto ya muchas veces antes de verla por primera vez -esa especie de inconsecuencia visual, como la idea de la muerte y la doncella- y se nos encoge un poco el corazón. Hay un primer control militar en el arranque de la avenida 9 de abril, enseguida otro frente a la Qasba y luego un tercero, en el que un soldado nos obliga a entregar la documentación, bajarnos del coche y abrir el maletero. Después nos esperan -contados- diecinueve controles más.
Pero estos diecinueve controles son otra cosa, son otro mundo. Hemos dejado atrás la Qasba y a un lado y otro de la 9 de Abril, con sus dos carriles rápidos, se suceden los barrios más populares de la ciudad: Al-Malassin, Al-Manoubia, Al-Kabaria, Al-Mourouj. Ya no hay militares ni policías. Es como si recorriésemos espacialmente, de una calle a otra, hacia un orden superior, todas los acontecimientos que mezclan sus formas en estos días en Túnez: de una revuelta a una guerra a un golpe de Estado a -de pronto- una revolución. Resulta que los jóvenes se han adueñado de la ciudad. Literalmente es suya. Empuñan bastones, cuchillos, hachas y martillos, pero sentimos al verlos, al contrario que frente al tanque, una enorme tranquilidad. Una extraña alegría. Son muchísimos, algunos apenas adolescentes; han defendido sus barrios durante la noche y ahora prosiguen su lucha contra la dictadura mediante ordenadísimos retenes que, cada ochocientos metros, detienen a los coches y los registran, especialmente los taxis, porque se sabe que los utilizan los esbirros de Ben Alí para asaltar los barrios y transportar armas. Hay algo festivo en el aire y algo solemne en los gestos y es completamente lógico: son libres de estar juntos y de ser muchos y tienen además una misión.
Lo primero no es el logos; lo primero es la solidaridad y el orden. Hay que ejercer mucha violencia y mucho desprecio sobre un ser humano para que no le apetezca ser serio, bueno, responsable, solidario, cuidadoso, protector. Hay que ejercer mucha presión sobre una sociedad para que prefiera la mentira, la oscuridad, el caos. Rousseau tiene razón. Pero como la naturaleza la hemos perdido para siempre hay que recurrir a la educación. Pero como la educación en nuestro mundo está asociada al dinero, que corrompe, hay que crear -o esperar- una situación. Estos jóvenes han creado la situación en la que pueden por fin estar bien educados. Hace un mes, sí, languidecían en los cafés, pateaban a los perros, se emborrachaban, soñaban quizás con nadar hasta Lampedusa. Nadie creía en ellos, nadie esperaba nada de ellos, nadie hubiese escuchado su opinión. Sólo cabía esperar que, rotos los frenos, dueños de la calle, se pusieran a romper cristales, como los estadounidenses cuando se va la luz, y a robar televisores. Pero hete aquí que, rotos los frenos y dueños de la calle, se ponen a pensar más bien en la protección de sus familias, en el bienestar de sus vecinos, en el destino de su país. Los que asaltan y saquean, ahora que no tienen poder, son los policías de Ben Alí; y los jóvenes, sus antiguas víctimas, ahora que pueden elegir, escogen la generosidad y la organización.
Es tan emocionante verlos sin vigilancia en las calles, tan vigilantes en las calles, tan sueltos y tantos juntos, tan cuidadosos, tan conscientes de su importancia y por ello mismo tan respetuosos y tan tranquilizadores, con sus cuchillos y sus palos en las manos, que casi nos apetece encontrar enseguida otro retén, que nos vuelvan a parar, dejarles registrar el maletero, darles las gracias por lo que están haciendo, desearles de nuevo mucha suerte en su misión.
(La única objeción grave es que esta maduración vertiginosa, esta educación en micro-ondas deja fuera a las mujeres. Y en efecto muchas tunecinas protestan en facebook, mientras festejan la autogestión de los barrios, por la ausencia de esta otra revolución aún pendiente).
Luego, por la tarde, vuelve la tensión. Antes del toque de queda montamos con los vecinos tres barricadas en nuestra calle mientras llegan las noticias de los enfrentamientos con armas pesadas en el palacio presidencial, de los choques en la Porte de France, de la terrible situación de Bizerta, aislada del mundo, a merced de las milicias del ex dictador. Y pienso, en efecto, que junto al golpe de Estado tiranicida y la guerra entre aparatos y los pactos para la formación de un nuevo gobierno, en Túnez hay una revolución. Pienso en esos jóvenes, dueños de la calle, educados, dignos, importantes, conscientes de su valor, a los que se teme y a los que se deja esta noche de nuevo colaborar en la defensa de la ciudad, pero que en realidad, mucho me temo, no encajan en ninguno de los planes programados -desde dentro y desde fuera- para Túnez.

 
Pero cuidado. Porque ahora están educados y saben que sólo seguirán siendo dueños de su calle y de su barrio si son también dueños de su país.

Túnez o la historia imprevista

Sobre el papel, no había el menor indicio de que una revuelta pudiera estallar en Túnez, y que lo hiciera de una forma espontánea, con un ímpetu tal que ha enviado al dictador del FMI al exilio…
 

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 17-1-2011 a las 11:50 |

Sobre el papel, no había el menor indicio de que una revuelta pudiera estallar en Túnez, y que lo hiciera de una forma espontánea, con un ímpetu tal que ha enviado al dictador del FMI al exilio y está conmoviendo socialmente toda la región.
Inmersos en el vivir de cada día, se suele aceptar la creencia que esto es lo que hay, que no hay más cera que la que arde, y que la situación nunca va a cambiar. No obstante, la historia suele tener giros imprevistos y los ejemplos son abundantes y no tan conocidos como debieran.
Anotemos algunos al vuelo: en vísperas de la revolución de febrero de 1917, un Lenin pesimista declaraba que no parecía probable que su generación llegara a ser testigo de la revolución; hay testimonios de que apenas un año antes de la instauración de la II República en el Estado español, la monarquía asistía a un baño de muchedumbres…Días antes del estallido de las barricadas de mayo del 68 en Francia, un conocido locutor dictaminaba que Francia se aburría; en el momento de los primeros brotes de la “revolución de los claveles” en abril de 1974 en Portugal, Laureano López Rodó, luego uno de los “padres” de la Constitución española, y por entonces ministro de Franco, se permitió declarar algo así que las noticias recibidas no podían ser, y además eran imposibles.
La verdad es que, sobre el papel, nadie o muy poca imaginaba algo de lo que ha sucedido. Hace unos diez años que tuve ocasión de pasar una semana, y estuve viajando de un extremo a otro del país. En ese tiempo no recuerdo haberme tropezado con ninguno de los indicios como pintadas aquí y allá, algo que era de los más normal en la españa de Franco desde principios de los años sesenta. Me di varias vueltas por las librerías, y no encontré nada que permitiera pensar sobre la existencia de una contestación cultural. Interrogando al guía, un muchacho que sabía varios idiomas y que tenía una cultura considerable, lo único que arranqué en un momento dado fue una exclamación según la cual aquello era una m…de dictadura. No hace muchos, a partir de mis artículos sobre cine y revolución en Kaos, me llegó una propuesta de unas jornadas sobre el cine y la guerra española en la universidad, pero la última noticia fue que no habían obtenido e permiso debido.
Además, se puede afirmar sin miedo al error que “nuestros “diarios nunca, o al menos muy raramente, dijeron nada sobre la situación en que se vivía en tan vecino país, y desde luego, ninguna de esos plumíferos que dedican buena parte de su tiempo ha clamar por el “Estado de Derecho” en Cuba, dedicó nunca ni media línea a la situación de la mayoría trabajadora, de las mujeres y de la juventud en un país que para nosotros se había convertido en tierra de turismo…

 Por el contrario, sí se podrá encontrar en dichas hemerotecas datos como los que suministra Juan Goytisolo en un artículo en El País, noticias sobre la estrecha cooperación del gobierno de Felpe González con la dictadura, de cómo éste “reformador” estuvo en Túnez, y no tuvo la menor atención con sus compañeros de la Internacional llamada socialista, y del entusiasmo de Moratinos (que ahora dice que si lo eligen presidente de la FAO podría acabar con el hambre en el mundo, demostrando una vez más lo poco que cuesta hablar- con el régimen, lamentando que Europa no le dé el trato referencial que le está dando a Marruecos, país amigo sobre el que ni editorialistas ni tribunalistas han mostrado nada que objetar. Durante estas semanas, los silencios sobre lo que estaba sucediendo en la calle se han hecho clamorosos. Nuestro gobierno ha mostrado una vez más a quien obedece, de su seguimiento de la política colonial europea. Zapatero ha sido tan miserable como Sarkozy al que –que nadie lo olvide- le echó un capotazo en el sucio asunto de los gitanos rumanos.
Sin embargo, aunque tampoco se diga nada de ello en nuestros medias, seguro que ahora sí que tendrá lugar una intervención al mayor nivel con la finalidad de que el levantamiento de masas contra la dictadura y su política económica –que no es otra que la del FMI-, no vaya más allá de un cambio en la fachada, y no han faltado los opositores que han evocado el ejemplo de la Transición española lo que puede traducirse en el encauzamiento de las movilizaciones desde abajo hacia un Estado que cambia lo secundario para mantener lo fundamental: el poder político y económico bao el control de los poderosos ahora legitimados por la “democracia”. Sin embargo, no parece que la maniobra vaya resultar tan fácil, sobre todo porque lo que hay detrás de todo es un punto final a la resignación, amén de una demostración de que cuando un pueblo die basta es capaz de llegar muy lejos. Ocurre pues que se acaba un ciclo, y comienza otro que conecta con lo los brotes de indignación juvenil que ya se ha manifestado en otros países del Magreb, y que también se había mostrado con violencia en la misma Europa.
La historia ha demostrado que el tiempo de las ocupaciones coloniales como las que ha protagonizado Estados Unidos después de la caída del muro, ya no son posibles. Esto ya resultó más que evidente en el Vietnam, y también en Argelia. La evolución histórica ha dado lugar a un desarrollo del movimiento obrero y democrático nacional que, cuanto menos, no permite lo que sí fue posible a lo largo del silo XIX y principios del siglo XX. Lo que ahora está en la agenda es otra demostración: el capitalismo no puede apretar la tuerca impunemente, una y otra vez. Ni tan siquiera puede hacerlo con los instrumentos policiales de las dictaduras, llega un momento en el que el pueblo llano, aparentemente sometido por la suma de derrotas y por las exigencias de supervivencia cotidiana, dice NO.
Se está agotando la creencia de que no existen alternativas, y se está agotando porque la realidad la están haciendo cada vez más insoportable. No hay alternativas cuando el pueblo se resigna, pero llega un momento en el que esta enfermedad que ha acabado con toda la izquierda institucional incluso como medos de mejoras parciales, se acaba, y todo comienza de nuevo. Los que hemos visto las masas sublevadas en los puestos de trabajo y en las calles, sabemos que el mundo puede cambiar, De hecho, ya lo está haciendo.

El partido del ex dictador tunecino Ben Alí es miembro pleno de la Internacional Socialista

Disidente del capitalismo

Mientras la Internacional Socialista, la asociación mundial de los partidos políticos socialdemócratas y social-liberales “progresistas” arremete contra Belarús y Lukashenko, resulta que el partido del ahora ex dictador de Túnez Zine El Abidine Ben Alí, la Asamblea Constitucional Democrática (conocida por sus siglas en francés RCD, Rassemblement Constitutionnel Démocratique) es un miembro pleno de esta organización de partidos supuestamente izquierdistas y a la que también pertenece el partido de otro dictador favorito de los EE.UUropeos, el dictador de Egipto Hosni Mubarak y su Partido Nacional Democrático.

La Internacional Socialista, ese engendro surgido después de la Segunda Guerra Mundial y quinta columna de los intereses Atlantistas en el mundo y a la cual pertenecen entre otros los otrora poderosos partidos socialdemócratas europeos, hoy en plena decadencia, como el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), el Partido Laborista Británico (Labour Party), el Partido Socialista Francés, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el Partido Obrero de Suecia – Los Socialdemócratas y nuestros chilenísimos partidos de la otrora poderosa Concertación: el Partido Radical Socialdemócrata, el Partido Por la Democracia y el Partido Socialista de Chile.

Así, luego de 23 años de dictadura ha caído el tirano Ben Alí, esperemos que la Internacional Socialista nos hable de los hechos tales como los disparos a los manifestantes que ya han matado a 60 personas, el culto a la personalidad y otras cosas, ya que como todos sabemos la Internacional Socialista se preocupa mucho de los gobiernos con déficits democráticos, que no respetan las libertades ni los derechos humanos. Es así como podemos ver el doble rasero de la Internacional Socialista, ese burocrático engendro que gusta de hablar de “democracia” (capitalista, obviamente) y exigírsela a los gobiernos enemigos del “Mundo Libre, Democrático” y hay que decirlo CAPITALISTA, pero no es capaz de exigírsela a sus propios miembros.

Túnez ha obtenido la libertad del tirano miembro de la Internacional Socialista, los manifestantes han quemado su omnipresente figura, como cuando en Irán quemaban la imagen de Shah, no temen a protestar y el tirano tuvo que irse a un obligado exilio.

Túnez: Y de pronto, la revolución

Santiago Alba Rico – Gara

En 1999 dos perros se cruzan en la frontera. Uno, argelino, flaco, desfallecido, cojo y roído por las pulgas, trata de entrar en Túnez; el otro, tunecino, lustroso, bien alimentado, limpio, saludable, trata por su parte de entrar en Argelia. El tunecino está perplejo: “¿por qué quieres entrar en mi país”, pregunta. El argelino responde: “porque quiero comer”. E inmediatamente añade, aún más perplejo que su compañero: “Lo que no entiendo es por qué quieres entrar tú en Argelia”. El tunecino entonces contesta: “porque quiero… ladrar”.
En 1999, cuando se contaba este chiste en los medios intelectuales, Túnez estaba amordazado, pero a cambio disfrutaba -se repetía- de una situación económica incomparablemente mejor que el resto del mundo árabe. Con un crecimiento medio del 5% durante la década pasada, el FMI ponía al país como ejemplo de las ventajas de una economía liberada de las trabas proteccionistas y en el año 2007 el Foro Económico Mundial para Africa lo declaraba “el más competitivo” del continente, por encima de Sudáfrica. “Kulu shai behi”, todo va bien, repetía la propaganda del régimen en vallas publicitarias, editoriales de prensa y debates coreográficos en la televisión. Mientras el gobierno vendía hasta 204 empresas del robusto sector público creado por Habib Bourguiba, el dictador ilustrado y socialista, se multiplicaba el número de 4×4 en las calles, se construían en la capital barrios enteros para los negocios y le loisir y hasta 7 millones de turistas acudían todos los años a disfrutar de la cada vez más sofisticada y sólida infraestructura hotelera del país. En el 2001, cuando se abrió el primer Carrefour, símbolo y anuncio del ingreso en la civilización, algunos podían hacerse la ilusión de que Túnez era ya una provincia de Francia. Era un país maravilloso: la luz más limpia y hermosa del mundo, las mejores playas, el desierto más hollywoodesco, la gente más simpática. No se podía hablar ni escribir, es verdad, pero a cambio la gente engordaba y el islamismo reculaba. La UE y Estados Unidos, pero también las agencias de viajes y los medios de comunicación contribuían a alimentar la imagen de un país más europeo que árabe, más occidental que musulmán, más rico que pobre, en transición hacia la felicidad del mercado capitalista. No se podía ni hablar ni escribir, es verdad, y también es verdad que ocupaba el segundo lugar en el ranking mundial de la censura informática, pero el esfuerzo del gobierno merecía una recompensa: Túnez organizó una Copa de Africa, un Mundial de Balonmano y en 2005 una insólita Cumbre de la Información durante la cual se ocultó al mundo una huelga de hambre de jueces y abogados y se detuvo a periodistas y blogueros.
A poco que alguien se hubiese molestado en rascar bajo esa superficie bien barnizada habría descubierto una realidad bien distinta. Nadie o casi nadie lo hizo. De enero a junio de ese año 2005, por ejemplo, El País publicó 618 noticias relacionadas con Cuba, donde no pasaba nada, y 199 sobre Túnez, todas sobre el turismo o el mundial de balonmano; El Mundo, en esas mismas fechas, registró 5162 entradas sobre Cuba, país donde no pasaba nada, y sólo 658 sobre Túnez, casi todas sobre el mundial de balonmano; y ABC tendió 400 veces la mirada hacia Cuba, país donde no pasaba nada, mientras sólo mencionaba a Túnez 99 veces, 55 de ellas en relación con el mundial de balonmano. El 10 de marzo de ese mismo año una rápida búsqueda en Google entregaba 750 enlaces sobre el reparto del gobierno cubano de las famosas ollas arroceras y sólo tres (dos de Amnistía Internacional) sobre la huelga de hambre y la tortura a presos en Túnez.
Pero lo cierto es que Carrefour y los humvee -y la vida nocturna en Gammarth- ocultaba no sólo la normal represión ejercida por Ben Ali desde 1987, año del golpe palaciego o del Gran Cambio, sino también la desaparición de una clase media que había comenzado a formarse en los años 60 y había sobrevivido a la crisis de finales de los 80. Unos pocos entraban en el Carrefour y otros muchos salían del país: hasta un millón de jóvenes tunecinos -sobre una población de 10 millones- viven fuera, sobre todo en Francia, Italia y Alemania. Mientras una minoría dejaba el francés por el inglés y despreciaba, por supuesto, el dialecto tunecino, la estructura educativa heredada del régimen anterior, relativamente solvente, se degradaba de tal modo que el último informe PISA relegaba a Túnez a uno de los últimos diez lugares de la lista de la OCDE. Mientras veinte familias disfrutaban del ocio en los Alpes o en París, el paro aumentaba hasta alcanzar el 18%, el 36% entre los más jóvenes: entre los diplomados y licenciados pasaba de un 0,7% en 1984 a un 4% en 1997 para dispararse a un 20% en 2010. En el espejo del Carrefour -en medio de la publicidad atmosférica que invitaba a un consumo inaccesible-, los jóvenes de la banlieue de la capital y de las regiones del centro y sur del país parecían conformarse con poder disfrutar de ese reflejo.


¿Quién se beneficiaba de este crecimiento bendecido por el FMI y por las instituciones europeas? Básicamente una sola familia, extensa y tentacular, a la que los despachos de la embajada estadounidenses filtrados por wikileaks describen como un “clan mafioso”. Se trata de la familia de Leyla Trabelsi, la segunda esposa del dictador, hasta tal punto dueña del país que muchos se referían a Túnez (la Tunisie) como La Trabelsie. Ben Alí y su familia política se habían apoderado, mediante privatizaciones opacas, de toda la actividad económica de la nación, convirtiendo el Estado en el instrumento de un capitalismo mafioso y primitivo o, mejor, de un feudalismo parasitario del capitalismo internacional. La lista de sectores saqueados por el clan resulta apenas creíble: la banca, la industria, la distribución de automóviles, los medios de comunicación, la telefonía móvil, los transportes, las compañías aéreas, la construcción, las cadenas de supermercados, la enseñanza privada, la pesca, las bebidas alcohólicas y hasta el mercado de ropa usada. No puede extrañar que, durante las revueltas de estos días, se hayan asaltado tantos comercios, empresas y bancos; se ha hablado de “vandalismo”, pero se trataba también de un vandalismo certero o, en cualquier caso, de un vandalismo que, incluso cuando se desencadenaba al azar, inevitablemente acertaba: golpease donde golpease, golpeaba sin duda una propiedad de los Trabelsi.
En este cuadro de represión y apropiación, había que tender el oído para escuchar el ruido de la marea ascendente. Pocos lo hicieron, ni siquiera cuando en enero de 2008, en Redeyef, cerca de Gafsa, en las minas de fosfatos, otro incidente menor -una protesta por un acto de nepotismo- puso en pie de guerra a toda la población. Durante meses se prolongaron las huelgas, hubo cuatro muertos, doscientos detenidos, juicios sumarísimos con penas escalofriantes. Mientras Redeyef permaneció sitiado por la policía, sólo periodistas y sindicalistas tunecinos trataron de romper el bloqueo policial e informativo. En Europa, la Trabelsia seguía siendo bella, tranquila, segura para los negocios y la geopolítica. Tan solo un periodista italiano, Gabriele del Grande, se atrevió a entrar clandestinamente en el corazón de las protestas y sacar información antes de ser detenido por la policía y expulsado del país. Su reportaje comienza así: “Sindicalistas detenidos y torturados. Manifestantes asesinados por la policía. Periodistas encarcelados y una potente máquina de censura para evitar que la protesta se extienda. No es una clase de historia sobre el fascismo, sino la crónica de los últimos diez meses en Túnez. Una crónica que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del régimen de Zayn al Abidin Ben Ali -en el gobierno desde 1987-. Una crónica que revela el lado oscuro de un país que recibe millones de turistas todos los años y del que escapan miles de emigrantes también todos los años”. En un libro posterior, Il mare di mezzo, del Grande describe en detalle la maquinaria del terror tunecino, con las cárceles secretas en las que desaparecían no sólo los opositores nacionales sino también los emigrantes argelinos, secuestrados en el mar por las patrulleras locales -policías de Europa- para ser arrojados luego en el abismo. Nadie dijo nada. Era mucho más importante sostener al dictador; Ben Ali y las potencias occidentales compartían no sólo intereses económicos y políticos sino también el mismo desprecio radical por el pueblo tunecino y sus padecimientos.
Pero el 17 de diciembre una chispa iluminó de pronto el monstruo y revelo asimismo, como explica el sociólogo Sadri Khiari, que “no hay servidumbre voluntaria sino sólo la espera paciente del momento de la eclosión”. El gesto de desesperación de Mohamed Bouazizi, joven informático reducido a vendedor ambulante, puso en marcha un pueblo del que nadie esperaba nada, que los otros árabes despreciaban y que Europa consideraba dócil, cobarde y adormecido por el fútbol y el Carrefour. Un ciclo lunar después, el 14 de enero pasado, tras cien muertos y decenas de metástasis rebeldes en todo el territorio, la ola rompió en el centro de Túnez y alcanzó su objetivo. Ya no se trataba ni de pan ni de trabajo ni de youtube: “Ben Ali asesino”, “Ben Alí fuera”. La última carga policial, desmintiendo las promesas que había hecho el día anterior el dictador, provocaron aún numerosos muertos y heridos. Pero era muy hermoso, muy hermoso ver a esos jóvenes de los que un mes antes nadie esperaba nada volverse en la calle y retener a la gente que huía para animarla a regresar a la batalla con las estrofas vibrantes del himno nacional: “namutu namutu wa yahi el-watan” (moriremos moriremos para que viva la patria). A última hora de la tarde, apoyado hasta el final por Francia, el dictador huía a Arabia Saudí, dejando a sus espaldas milicias armadas con instrucciones para sembrar el caos.
El peligro no ha pasado, la lucha continúa. Pero ahora hay un pueblo que libra las batallas. “El 14 de enero es nuestro 14 de julio”, repiten los tunecinos. Quizás el de todo el mundo árabe. Jamás el pueblo había derrocado un dictador; y este pueblo inesperado, intruso en la lógica de las revoluciones, este Túnez de jazmines y luz de miel, ahora de dignidad y combate, es el espejo en el que se miran los vecinos, de Marruecos al Yemen, de Argelia a Egipto, hermanos de frustración, infelicidad e ira. No hay que encontrar las causas, siempre dadas, sino el minuto. Y ese minuto es ahora.

Túnez: la revolución social y democrática está en marchaEste régimen ha sido ejemplo de “buen alumno” de las instituciones financieras internacionales, que ha desangrado a las masas populares tunecinas durante 23 años.www.gara.net/paperezkoa/20110117/243559/es/Y-pronto-revolucion
Fathi Chamkhi | Rebelión | 17-1-2011 a las 10:27 |¡Las masas populares tunecinas acaban de hacer espectacular irrupción en la escena política! ¡Han logrado al cabo de 29 días de revolución social y democrática echar al dictador Ben Ali! Ha sido una gran victoria! ¡Es un gran día para todos y todas, que compartimos con quienes luchan contra el orden capitalista mundial! Hemos reconquistado ante todo nuestro orgullo y nuestra dignidad, largo tiempo fustigadas y revolcadas en el barro de la dictadura. Ahora tenemos que construir un nuevo Túnez: libre, democrático y social.
¡Pero desde ya la contrarrevolución está en marcha! Ha caído el poder de Ben Alí pero su régimen, ciertamente debilitado y desestabilizado, trata de mantenerse en pié. El Partido/Estado Destourien está todavía allí, su política económica y social capitalista y liberal también. 
Este régimen que ha sido ejemplo de “buen alumno” de las instituciones financieras internacionales, que ha desangrado a las masas populares tunecinas durante 23 años, para beneficio del capital mundial ávido de ganancias, engordando a un reducido número de familias alrededor del poder y organizadas en clanes mafiosos debe ser desterrado. ¡Es lo que queremos!
Rechazamos la tentativa de quienes tratan de confiscar nuestra revolución, maniobra que se presenta bajo la fórmula de “gobierno de unidad nacional” mediante la cual este régimen ilegítimo tarta de seguir manteniéndose.
De este modo, el poder abatido ha dejado milicias super armadas, incluida la guardia personal de Ben Ali, que están sembrando el terror en las grandes ciudades del país, especialmente en Túnez y sus alrededores. Grupos, surgidos de las masas desheredadas y hambrientas, aprovechan igualmente el caos para saquear los grandes establecimientos comerciales: Carrefour y Géant especialmente. Bandas de asaltantes se ubican en las rutas volviendo peligrosísima la circulación. Los productos de primera necesidad comienzan a faltar o no existen: el pan, la leche, los medicamentos…


El régimen desmovilizado y la policía (en las ciudades) y la guardia nacional (en el campo) dejan hacer aprovechando el caos y el miedo que cunde en la sociedad con el objeto de imponer sus propias soluciones. El establecimiento del toque de queda y el despliegue del ejército, bastante débil en efectivos y que nunca tuvieron que afrontar en el pasado este tipo de situaciones, no hacen sino agravar el miedo, porque es precisamente de noche cuando actúan las milicias armadas.
En todas partes, los ciudadanos y las ciudadanas tratan de organizar su propia defensa, en coordinación, a menudo, con el ejército, miles de comités populares de defensa de los ciudadanos se organizan para defender a la población.
Solo la conformación de un gobierno provisorio, sin ningún representante del régimen “destourien” con el objeto de preparar elecciones libres y democráticas, reguladas por un nuevo código electoral, para la constitución de una Asamblea qu permita a los tunecinos y tunecinas retomar el destino en sus propias manos y hacer reinar, en el país un orden justo y beneficioso para las mayorías.
¡Si el pueblo aspira a la vida, el destino debe subordinarse a su voluntad!

El cuarto día del pueblo tunecino
¿Reforma o ruptura?

Alma Allende – Rebelión

Después del domingo viene el lunes. Pero aquí, después del domingo, sigue siendo Túnez, la nueva dimensión, que empieza a ser, no un país, no, sino un día muy largo, con horas que se repiten cada cien metros y minutos compuestos de sesenta ciudades diferentes. El cuarto día del pueblo tunecino tiene algo de déjà vu. ¿Porque ya lo vivimos ayer? ¿O porque lo habíamos soñado alguna vez? Los estados de excepción -las guerras y las vacaciones- imponen una sombra familiar, el eco de un ritornello. Uno vive por primera vez sólo las cosas más banales; las decisivas ya se habían vivido antes, en otro cuerpo, en otra época de la historia, en otra generación. Amamos la primera vez por segunda vez; nos morimos siempre de nuevo; la libertad siempre se recupera. Todo lo que ocurre de verdad ya había ocurrido antes. Porque todo lo que ocurre de verdad le ocurre a mucha gente al mismo tiempo. Esos tanques y esos disparos los reconocemos, pero la alegría de compartir un gesto viene también de otra vida anterior, de otras vidas. El terror y el entusiasmo nos traen siempre viejos recuerdos.
Hay una intensificación que homogeneiza la experiencia o una homogeneización que la intensifica. Eso explica, en parte, la delicadeza asombrosa en las colas para comprar el pan, la facilidad con que se establecen conversaciones entre desconocidos, la tranquilidad pasmosa con que la gente toma café después de un tiroteo o la pericia rutinaria con que se monta una barricada. O lo más asombroso: que un pueblo silenciado durante 23 años hable de pronto de política, con naturalidad y madurez, como si lo hubiese hecho toda la vida. ¡Qué gran transformación que parezca normal lo que no se ha vivido nunca y que se ha conquistado mediante un centenar de muertos!
Hemda, la periodista tunecina despedida de la radio, ha encontrado enseguida trabajo en una emisora nueva: por teléfono, sin conocer a sus patrones, se ha convertido en reportera y debe mandar crónicas desde distintos puntos de la ciudad. El propósito es el de radiar en directo el regreso a la normalidad de la población de la capital. Pero lo primero que encontramos en el centro de la ciudad es una manifestación de unas doscientas personas que avanzan por la avenida de Paris hacia Le Passage. Gritan consignas contra el primer ministro, Mohamed Ghanoushi, y reclaman la inmediata disolución del RCD, el partido de Ben Ali. Las pocas tiendas abiertas se precipitan a cerrar sus puertas mientras los policías se disponen a intervenir ante la mirada de esfinge de los retenes militares. Aún faltan unas horas para el anuncio del nuevo gobierno de coalición, pero esta imagen da ya la medida de un conflicto que sólo puede agravarse en los próximos días. Los viandantes que han salido a comprar el pan discuten en voz alta: como en todos los barrios de Túnez, unos sostienen que hay que ser pacientes, esperar a las elecciones y dar la vuelta al calcetín sucio del régimen desde dentro. Otros, al contrario, desconfían de esa posibilidad y aseguran que es necesario continuar la presión para que no les arrebaten una oportunidad histórica que puede no volver a presentarse.
Prolongamos la discusión en el Bardo, donde la noche del domingo hubo duros enfrentamientos armados y cuyas calles vigila el ejército. Curiosamente esto proporciona un pequeño recinto de normalidad paradójica. Mientras decenas de personas forman cola delante del Monoprix, que está a punto de abrir sus puertas, los cafés del barrio están atestados de clientes y beben y fuman en las terrazas al lado de los soldados que montan la guardia. En uno de ellos encontramos a Mehdi, licenciado en historia, quien sostiene que las manifestaciones son peligrosas, pero también una demostración de normalidad democrática que debería respetarse. Está preocupado, en todo caso, por la continuidad previsible del nuevo gobierno. Hemda insiste en que lo prioritario es recuperar la normalidad, convocar elecciones y permitir que todos los partidos se presenten a ella, y que para llegar a ese punto es preciso evitar las provocaciones y aceptar la gestión provisional del RCD. Me pregunto para mis adentros qué pensarán al respecto los jóvenes tranquilizadores de los cuchillos que defienden los barrios populares y decido proponer a Hemda una visita al Malasin o al Muruj para el día siguiente. En todo caso, es emocionante escucharles pronunciar la palabra democracia; suena muy limpia en sus labios, muy poderosa, difícil de rebatir. A mis objeciones sobre el trabajo en la sombra de EEUU y Francia para imponer límites a cualquier proceso electoral futuro, responden con cabezonería: elecciones, elecciones, elecciones. Confían de tal manera en la madurez de ese pueblo que ha demostrado en estos días tanto valor, disciplina y dignidad que ven por un solo ojo. Pero ese ojo está lleno de luz.
De vuelta al centro, en la avenida Mohamed V, vemos una escena diminuta y modélica. En medio de la calle hay dos coches que nos bloquean el paso. Los conductores se hablan de ventanilla a ventanilla. ¿Conspiran? ¿Discuten? ¿Se están pasando un arma? No, uno de ellos alarga la mano y le da al otro media barra de pan. Es la primera baguette que vemos en cinco días.
Pasamos luego por los aledaños de la avenida Bourguiba, donde se respira una enorme tensión -y restos de gases lacrimógenos. Sólo hay soldados y policías y caminamos sin querer mirando a los tejados, recordando los francotiradores del ex-dictador que la tarde anterior han provocado el terror.
Por fin vamos a la Qasba. Allí se encuentran el palacio de Justicia, la Alcaldía de Túnez, el Ministerio de Finanzas. Se puede imaginar la vigilancia: tanques, soldados, policías. Y sin embargo -por uno de esas misteriosas extravagancias de este país- logramos llegar sin que nadie nos detenga ni nos pregunte nada hasta la misma puerta de la sede del Primer Ministro, donde está a punto de celebrarse la conferencia de prensa anunciada para las 15 h.. Hemda, que aún no tiene carnet de prensa, pide a un periodista de Al-Jazeera que marque el número de la emisora y active el móvil cuando comience a hablar Mohamed Ghanoushi. Es así como consigue retransmitir los nombres de los nuevos ministros que nosotros, fuera, no oímos. Pero escuchamos, en cambio, a uno de los policías que custodian el ministerio, muy simpático, muy familiar, que quiere convencernos de que también ellos son buenos:
– En realidad somos proletarios y estamos dispuestos a dar la vida por el pueblo. Es una minoría la que ha disparado sobre nuestros hermanos y no se nos puede juzgar por lo que han hecho y siguen haciendo unos pocos. Se nos necesita y tendremos que buscar la forma de que los ciudadanos confíen en nosotros.
De vuelta a casa, dos horas antes del toque de queda -que se ha retrasado hasta las 7- me entero de la composición del nuevo gobierno: el RCD conserva todo el aparato del Estado -Interior, Exteriores, Defensa y Justicia- y deja a los tres partidos de oposición que ya eran legales Sanidad, Desarrollo y Educación. Si eso es toda la ruptura que puede ofrecer Ghanoushi, hay motivos para preocuparse. La oposición real -Marzouki o Nasraoui, por ejemplo- denuncian enseguida la continuidad con la dictadura y llaman a los tunecinos a seguir movilizándose.
La situación, pues, se complica. El ejército, independiente pero débil, apenas si puede hacer otra cosa que contener a las milicias asesinas del ex-dictador. El gobierno ya ha dejado claro cuál es la vía que se va a seguir. Y los ciudadanos están divididos entre dos alternativas igualmente peligrosas: ceder puede acabar para siempre con la esperanza de una verdadera democracia para Túnez; seguir luchando puede conducir a una guerra abierta en la que, sin líderes reconocidos ni organizaciones aglutinantes, los rebeldes sean masacrados por todas las partes. La sensación es que todo se vuelve frágil y peligroso.
A las 9 escuchamos tres ráfagas de metralleta cercanas. Luego la noche es tranquila.
En Argelia, en Egipto, en Mauritania tres jóvenes siguen el ejemplo de Mohammed Bouazizi y se inmolan como protesta. Túnez ha volteado de un coletazo su posición en la historia para convertirse en la vanguardia inesperada del mundo árabe. Todos tenemos ahora los dos ojos puestos en este país.

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